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Crónica de una noche de misterio |
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Pasarían las cinco y media de la tarde, de un frío sábado del mes de Enero, cuando llegué a Bélmez. Lugar de reunión, Hostal Restaurante Casablanca, el cual había sido ya invadido por los miembros de la SEIP. Después de unos minutos de descanso y algún que otro café, decidimos ponernos en marcha. Nos dirigimos hacia el cementerio de Bélmez, para ver la tumba de María. De camino a la casa de las caras, los miembros de la SEIP, cómo si de una costumbre se tratara, gustan de hacer una visita al cementerio. Es su manera de homenajear a María. Quizás para no echar en falta su ausencia. Después de pasear entre las lápidas y disparar algunas fotos, el periodista e investigador Luís Mariano Fernández, me pone sobre aviso del lugar donde se vertieron los restos de huesos hallados en una excavación que se realizo en la cocina de María, en los años setenta. ¡Y que asombrosamente, nunca entre esos huesos, apareció cráneo alguno! Si no es por la gente que cuida el lugar, esa fosa, se hubiera olvidado para siempre. |
Cementerio Bélmez de la Moraleda
Tumba de María Gómez Cámara |
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Llegué a la casa de las caras nuevas, sobre las siete de la tarde. Me pusieron en antecedentes de que miembros de la SEIP llevaban varios días investigando, en labores de señalización y medidas de distancias entre las caras, así como en la obtención de un plano a escala por plantas. Procedían también a la limpieza del suelo -muy deteriorado por las visitas- ya que la capa de cemento era muy frágil, debido a que en un principio iba destinado a ser un suelo de baldosas, que por circunstancias de la familia nunca llegó a ponerse; de ahí lo frágil y pobre de la mezcla. |
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De izquierda a derecha: Pedro Amorós, Luís Mariano Fernández, Pedro Fernández, un agregado y Juanfra Romero. |
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Sala de experimentación |
En una habitación del tercer piso, se estaba desarrollando un experimento, que consistía en preparar un suelo similar al de la cámara de las caras, ya que se tienen sospechas de que éstas son formaciones de hongos. Ahora, el por qué adoptan tan extraña disposición, es un misterio que se pretende descifrar. Esparcido el cemento sobre un suelo normal de baldosas, se le añadía diferentes capas de tejidos para que en un ambiente controlado de humedad y temperatura se pudiera comprobar si los hongos eran capaces de formar las caras, y, en caso positivo, tratar de entender el por qué de la extraña forma de actuar de dichos organismos en este lugar.
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Después de un merecido descanso en el hostal, con cena incluida, regresamos a la casa para intentar grabar algunas psicofonías. Eran las 2:15 de la madrugada cuando comenzamos las grabaciones. Nos habíamos dividido en tres grupos, tomando cada grupo una planta de la casa. Yo me ubiqué en la segunda planta, en la habitación donde durmió María durante más de veinte años. En otra ocasión les contaré las interesantes psicofonías que obtuve en dicha habitación y que ponen los pelos como escarpias, incluso al investigador más experimentado en la materia. Llevando más de dos horas de grabaciones psicofónicas realizadas, dimos por terminado la sesión. |
Habitación donde se realizaron las grabaciones |
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Todos los grupos de las habitaciones superiores nos reunimos en la estancia de la entrada, donde se ubicaba el primer grupo. Algunos debido a lo tarde que era y que llevaban varios días de investigación en la casa, decidieron marcharse, sólo quedamos alrededor de ocho o nueve personas en esa estancia, que son: Pedro Amorós, Luís Mariano Fernández, Fernando Jiménez López (hijo del querido Doctor Fernando Jiménez del Oso) -al cual desde aquí, quiero darle mi más sentido pésame y un fuerte abrazo- David Ruiz, Verónica Lillo, Cristina Lillo, dos chicas de la SEIP que no recuerdo su nombre ahora mismo y el que escribe estas líneas. La salita o habitación donde estábamos reunidos tendría entre cuatro o cinco metros cuadrados. Todos nos sentamos en torno a una mesa redonda de madera, ya que hacía bastante frío y ahí debajo estaba una pequeña estufa, para calentarnos. Estuvimos escuchando algunas grabaciones de Pedro Amorós recogidas aquella misma noche. En ese momento la atmósfera de la habitación cambio radicalmente, lo notamos todos al mismo tiempo, no sabría describir esa sensación con palabras. Es cómo cuando notas que hay alguien más contigo, pero no puedes verlo, sólo sentirlo. Pasada una hora, calculo que serían alrededor de las cinco de la madrugada, los que estaban más cerca de la puerta que daba al pasillo notaron algo extraño. Yo estaba en un sillón, con la mesa delante de mí, y mirando justo al frente de la entrada. Ellos notaron cómo una corriente de aire gélido les rozaba los rostros, a pesar de que ya de por sí hacía bastante frío. Por más que se busco la procedencia de esa corriente, no se encontró la causa, pues estaba todas las puertas y ventanas cerradas. A raíz de aquel momento, donde más frío se acumuló en la habitación fue justo debajo de la mesa; y eso que la estufa seguía funcionando y todos teníamos los pies metidos debajo de la mesa. Estábamos hablando sobre la cuestión, cuando escucho unos golpes en la mesa, en un primer momento nadie le presta mucha atención. A los pocos segundos, cómo si de una voz que nunca existió nos mandara callar, los golpes se repitieron. Todos quedamos en silencio, mirándonos unos a otros. El golpe volvió a surgir y a partir de entonces, fue de locos todo lo que allí nos aconteció. La mesa empezó a moverse. Primero giraba a la derecha, luego hacia la izquierda y así durante cerca de una hora; con breves momentos de pausa. Uno de los fenómenos que yo noté, y que fue corroborado por los allí presentes, es que, en los instantes previos a los movimientos de la mesa se notaba la bajada brutal de la temperatura y se percibía una corriente gélida que salía de debajo de la mesa. Era como si ese ente o energía, absorbiera el calor presente para utilizarlo en nuestro plano físico y así poder mover los objetos de la habitación. ¿En qué lugar de la habitación, hacía más calor? Efectivamente, debajo de la mesa de la habitación. Ahí, se instaló nuestro amigo, la energía o el ser que fuera. Otro fenómeno que nos dejó perplejos a los presentes, fue el del compañero David Ruiz que se sentaba a la derecha de mí. Éste, que estaba sentado en una silla, fue arrastrado junto con ella cerca de veinte centímetros. El susto para él fue, cómo se pueden imaginar, de auténtica impresión, llegándole a faltar el aire por unos segundos. Faltó poco para que se produjera una retirada total del personal. Volviendo a la mesa, la verdad que es increíble, pero esa energía o ser, me leyó el pensamiento. Estaba pensando en la posibilidad de que alguien, intentando gastarnos una broma, fuera el responsable de los movimientos de ésta. |
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Imagen a través del espejo de la salita de la casa |
Pero mira por donde, que justo pensando eso, el cristal de la mesa se desplazo hacia mí. Yo sorprendido, lo único que se me ocurrió fue decirle a lo que estuviera actuando en ese momento, que volviera a colocar el cristal en su sitio; y así ocurrió. El cristal volvió solo a la posición original. Al rato, ¡incluso la mesa llego a levitar de uno de los lados con cierta elevación! Justo cuando Pedro Amorós salio de la habitación – pues una chica se sintió indispuesta por la impresión de lo que allí ocurría, y la acompañó fuera- ese fue el momento en el que se elevó la mesa, del lugar que ocupaba Pedro unos instantes antes y que ahora estaba vacío. A pesar de todo lo sucedido, aquello quería demostrarnos de que era verdad lo que nos estaba pasando, que no era un sueño; ni estaba siendo manipulando por los presentes, “al menos de los vivos se entiende”. |
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Se dijo en algún momento de coger los equipos y filmar lo que acontecía, pero nadie quería perderse esos minutos tan impresionantes que estábamos viviendo y sintiendo. No había miedo entre los presentes, sólo un sentimiento de algo extraño y mágico en el ambiente –por lo que deduzco que aquello, lo que fuera no quería asustar; sino más bien el que disfrutáramos esa experiencia- y eso fue lo que hicimos, nadie se levanto. Como observé acto seguido, fue imposible que nadie lo pudiera manejar. El cristal tiene un grosor bastante considerable, la superficie donde está colocado no es la más adecuada, ya que no descansa directamente sobre la madera; sino sobre una enagua que recubre la totalidad de la mesa y que es algo áspera y de cierto grosor. Además, la mesa es de madera maciza y pesa bastante, a lo que hay que sumar el peso del grueso cristal y el peso de los equipos (cámaras, grabadoras, etc...) Por todo ello era imposible una manipulación sin hacer suficiente fuerza, que se hubiera notado, por si alguien piensa lo contrario. Sobre las siete de la mañana todo finalizó. ¡INCREÍBLE, PERO CIERTO! |
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Como conclusión personal de lo vivido esa noche diré: - Creo que hay por lo menos tres entidades en esa casa (por las grabaciones obtenidas) si no más. - Que estos entes estaban en esa casa antes del fallecimiento de María. Aunque su espíritu o energía se pueda encontrar ahora allí. - Que las caras sí son provocadas por ella y por los entes que se encuentren allí. - El fenómeno es auténtico, de eso estoy seguro. Este dato lo doy con ciertas reservas hasta tener más pruebas: Alguno de los investigadores presentes allí aquella noche, fue el detonante para que se produjeran aquellos fenómenos extraños –ojo no quiero decir fraude- sino más bien que tiene la habilidad inconscientemente claro, para atraerlo. ¿Médium quizás? Es probable.
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Foto del autor con Pedro Amorós |
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Francisco José Fernández García Málaga a 30 de abril de 2005
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