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El Hecho psicofónico
(Reflexiones a través de la vivencia) |
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A través de los años he tenido la oportunidad de observar casos únicos en los que he podido comprobar por mi mismo que es posible abrir puertas hacia unas experiencias de una anormalidad tan enorme que nunca me hubiera imaginado que ello fuera posible. Cuando por primera vez obtuve psicofonías, no podía dar crédito a lo que estaba escuchando. Habría que haber estado en aquel lugar, creo que el más solitario y silencioso del planeta. El hecho de que me animara a realizar ese experimento fue en realidad una especie de juego, como si en realidad quisiera demostrarme a mi mismo que todo no era más que un juego de niños, una especie de falsedad encubierta en cuentos para no dormir, como aquellas historias de la temible "Verónica" que se aparece ante el espejo cuando decimos su nombre con una Biblia y unas tijeras metidas entre medias de sus páginas. Como he dicho, un simple juego. Cuando llegué a casa ni siquiera tuve la curiosidad de escuchar lo que grabé. Una semana después de haber realizado el experimento, no se porque, rebobiné aquella cinta e hice un pequeño intento de atención. Fue entonces así como comenzaron a aparecer aquellas voces, aquellos sonidos ¡Y Cuantas personas aparecían! Yo no podía dar crédito a lo que escuchaba. Creo que fue en ese momento cuando algo dentro de mí comenzó a cambiar. Sentí miedo, he de reconocer que lo sentí, y mucho. Aquellas palabras: "Tengo frío", "Me muero", se clavaron en mi mente durante días (y creo que durante años, puesto que aún no las olvido). Después de aquello decidí convencerme de nuevo. Si, así es, digo convencerme de nuevo, porque cuando uno se encuentra con este fenómeno, por muy claro que parezcan las voces, siempre se queda una duda interna que no tiene otra función que la de tranquilizarnos. Son esas clases de ideas que nos tranquilizan diciéndonos a nuestros miedos internos "esto no puede suceder, quédate tranquilo, esto no es posible". Pero a medida que iba experimentando, me iba dando cuenta que cuanto más analizaba, menos me extrañaba de ellas, las iba aceptando como algo normal, algo natural. Las voces eran claras, podían entenderse claramente, es más, podía hasta encontrar diversos planos sonoros, los cuales podía visualizar mentalmente en lejanos o cercanos, masculinos y femeninos, jóvenes o maduros, podía darme cuenta también en que el sonido siempre era característico, es una sonoridad muy concreta, creo que el investigador o experimentador o aventurero (por utilizar algún término que describa a la persona cuya inquietud le hace buscar) cuanto más muestras analice, más coincidirá conmigo en este aspecto. Da la impresión como si les costara hablar, como si el hecho de juntar un monosílabo, una palabra o una frase, requiriera de un esfuerzo desproporcionado, tanto que a veces hasta las vocales desaparecen en alguna palabra. ¿Y que me dicen de esa musicalidad en las frases? ¿Podría alguien hacerse una idea de porqué lo hacen así? Habrá notado el lector con esta última frase, al decir yo "lo hacen", que estoy dejando entrever mi idea sobre su naturaleza concreta, así es. Que no lo dude en absoluto el lector. Cuando se toma experiencia del fenómeno uno se va dando cuenta, no de lo que se ve sino de lo que se puede entrever, de lo que se puede intuir, por ejemplo, ¿Podrían ustedes afirmar que éste que escribe es una persona y no una escoba? (absténganse graciosos de contestar) ¡Exacto! Hay un mensaje, se han formado palabras, hay un código usado, hay una intencionalidad comunicativa con lo cual hemos llegado a una conclusión: Hay una inteligencia detrás de lo que ustedes pueden leer. Ahora, si modificamos el ejemplo encaminándolo hacia el hecho psicofónico realizaremos las siguientes preguntas: ¿Hay un mensaje? ¡Lo hay! ¿Hay una intencionalidad comunicativa? ¡La hay! Entonces, ¿Porque hemos de dudar de su naturaleza por el simple hecho de no conocer su origen? ¿Acaso estamos hablando del sonido de un perro ladrando o de una sirena de policía sonando? ¡Desde luego que no! Como afirmo esto, también afirmo que para opinar de esta manera no basta con leer un texto sobre psicofonías, ni basta con ver un documental, ni siquiera basta con leerme. No. Hay que recorrer el camino completo. Hay que encontrarse con ello y para eso hay que buscar, hay que analizar, hay que haber escuchado cientos de muestras para saber distinguir lo que es una psicofonía de lo que no lo es, porque hay una cuestión ineludible, su características fónicas son distintas a las normales. Su vocalización es distinta así como su entonación, por ello insisto en que para darse cuenta de esto, debe uno haber escuchado más psicofonías de las que puedan aparecer en un especial de la revista "Más allá". Uno debe guiarse también por su propio instinto. Debemos evitar por tanto (y siendo consecuentes) recorrer caminos que otros ya anduvieron. Debemos obtener nuestras propias muestras para convencernos a nosotros mismos, para que no haya la menor sombra de engaño o duda, porque nosotros no podemos engañarnos y pienso que la manera de acercarse a estas experiencias es a través del auto descubrimiento, repito, sería de tontos engañarse a sí mismos. A mi no me tiene que convencer nadie de mi error ni de mi acierto y mucho menos quien nunca ha subido ni el primer peldaño en la escalera. ¡Eso sí que sería absurdo! Quizá por que desde que decidí realizar mi primer experimento hasta que analicé mis últimos resultados actuales, mi manera de pensar ha dado un giro de 180 grados y quizá por esa razón... ya no soy escéptico.
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Mario Magaña |
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