![]() |
||||||
|
Deseos |
||||||
|
Un sonido desagradable y familiar me hace recordar que las merecidas vacaciones han terminado. Aún con la resaca he de levantarme y enfrentarme al montón de papeles acumulados que seguramente habrá encima de mi escritorio en el trabajo. Mientras preparo el desayuno pienso que con este nuevo año, mi vida va a ser mejor, tiene que ser mejor y estoy decidida a hacer lo imposible porque así sea. Dispuesta a salir y a enfrentarme al mundo, tomo aire y... adelante. |
|
|||||
|
Mis primeros “buenos días” serán para ese señor tan agradable del quiosco que siempre me guarda el periódico. ¿Qué extraño? El quiosco está cerrado. Quizás sea demasiado temprano, he salido antes para no pillar el tráfico de la mañana. Con una sensación un tanto preocupante me dirijo a la oficina, descubro que el guarda no está y todas las luces están apagadas. No le doy la menor importancia, hoy he sido la primera en llegar. Sentada en mi silla el corazón me da un vuelco y empiezo a recordar... Hoy no he visto al portero de mi edificio recogiendo los montones de publicidad que echan bajo la puerta como cada día; ni a la señora de la panadería barriendo la acera y preparándolo todo para recibir a sus clientes; en la parada del autobús los estudiantes aún medio dormidos y bostezando no estaban; y ahora que lo pienso, he llegado tan pronto a la oficina porque no había tráfico, ni un solo coche tocando el claxon, ni un solo peatón intentando cruzar por dónde no debe, ni una sola moto que sale de la nada y te adelanta, ni un teléfono móvil sonando, ni un solo ruido, ni una voz... NADA. Mis manos empiezan a temblar y la desesperación puede conmigo. Cojo el teléfono y mis dedos no aciertan a teclear los números. Nadie contesta mis llamadas, nadie acude a mis gritos de auxilio, salgo a la calle y no hay nadie. El pánico se hace con mi cuerpo... ¿qué es lo que me está pasando? Es un sueño, intento convencerme, un mal sueño del que pronto voy a despertar. Me sentaré en este banco, dónde cada día se sientan dos señores mayores a contarse cosas de sus nietos y que hoy no están, y esperaré a que suene el despertador. Intentando entretener mi mente, mientras el dichoso despertador suena, recuerdo la pasada fiesta de fin de año, las risas, las uvas, los brindis... el mundo se me cae encima al recordar el deseo que pedí en los típicos juegos que se hacen para la entrada del nuevo año. Un simple juego en el que escribes en un papelito el algo que desees para el año nuevo. No podía ser cierto, era sólo un juego. Un juego de niños en los que pones un poco de esperanza pero que realmente sabes que jamás se cumplirá, pero ahora entendía lo que estaba pasando, todo empezaba a tener sentido, en cierto modo mi deseo se había cumplido... todo el mundo había desaparecido. Y ahora... sentada en medio de este silencio tan despiadado me doy cuenta de que no hay vida a mi alrededor... estoy sola. Pero eso no era lo que quería, simplemente deseaba no sufrir como había sufrido el año pasado. Entonces me vino a la mente la imagen de mi papelito con mi deseo escrito quemándose después de las doce campanadas... “deseo que jamás nadie vuelva a hacerme daño”
M.C.
|
||||||